Los 5 hábitos del líder exitoso que se pueden aplicar en la vida personal
03 de Noviembre de 2017

Es un hecho que los hábitos laborales han cambiado con el paso de los años; sin embargo, lo que no muchos tienen en la mente es que la gran mayoría de las innovaciones se originan desde arriba, es decir, desde los directores y líderes. Éstos deben ser los agentes de cambio, y en muchos de los casos, dichos procesos requieren que los directores cambien personalmente primero, para luego hacer que su empresa o su área cambie.

Aplicarse a sí mismo los cambios que se quieren ver en el entorno es un excelente método para conseguir un “ganar-ganar”, porque se gana en el ámbito profesional y en el personal al mismo tiempo. Es por lo anterior que los coaches y expertos recomiendan que las personas fomenten en sí mismas los siguientes hábitos para convertirse en mejores líderes.

1. Confianza

Este hábito se puede interpretar de diversas maneras. Por ejemplo, primero que nada es muy importante que los líderes tengan confianza en sí mismos para poder tomar decisiones y seguir su intuición a la hora de enfrentarse a disyuntivas que involucren a su equipo.

Sin embargo, no se debe confundir “confianza” con “arrogancia”. La humildad es clave para los líderes, pues les permitirá aprender de quienes los rodean, así como fortalecer su papel y ser respetado y admirado.

Otro aspecto de la confianza es tenerla por los demás, es decir, confiar en el equipo de trabajo y fomentar la confianza entre ellos. Esto automáticamente mejorará la comunicación y facilitará la resolución de problemas.

 

2. Compromiso

Un líder debería ser comprometido consigo mismo antes que exigir compromiso de los demás.

Comprometerse con tus metas y objetivos personales es un hábito que se puede extrapolar al ámbito laboral y tiene que ver mucho con la famosa frase de “poner el ejemplo”, que es uno de los aspectos claves de los líderes.

La gente tiende a admirar a los que cumplen sus metas, por más “banales” que puedan parecer. Ser comprometido consigo mismo le permitirá a los líderes pedir lo mismo a sus colaboradores: ellos seguirán su ejemplo.

 

3. Comunicación

Comunicar lo que se siente es un hábito muy positivo para la salud mental, pero también involucra otro aspecto clave: la asertividad. Así como un líder debe ser ser asertivo con sus colaboradores a la hora de comunicarles alguna orden o indicación (es decir, es tan importante “la forma” como “el fondo”), también el líder debe ser asertivo consigo mismo: saber cuándo y cómo es el contexto adecuado para expresarse.

Este hábito le permitirá derribar barreras de comunicación que muchas veces se traducen en miedo a ser firme al hablar con el equipo, o en todo lo contrario, en dejarse llevar y gritar o humillar, algo que debe evitar a toda costa a la hora de lidiar con una crisis.

 

4. Apertura

Un líder debe saber que los soberbios no llegan muy lejos y, en otras palabras, que los grandes sabios son los que observan, los que callan antes de hablar, y los que reflexionan y procesan la información que reciben del entorno.

Ahora bien, ser abierto no implica ser fácilmente influenciable o renunciar a los valores o creencias. Simplemente es aceptar que los demás son los únicos que pueden enseñar cosas.

Cuando un buen líder está a punto de tomar una decisión trascendental para el equipo, lo consulta con sus colaboradores. Al final el que tomará la decisión será él, pero sin duda será una acción más informada.

Otra cosa: los grandes líderes generalmente tienen un mentor o alguien de su entera confianza, a quien recurren para pedirle consejos. 

 

5. Autenticidad

La imagen de un líder carismático, con sonrisa de comercial de pasta de dientes, a quien todo el mundo saluda y admira, que siempre se viste bien y que es obedecido por todos, ¿es real o se trata de un personaje?

No es imposible tener todas esas características, pero a nadie le caen bien los falsos. El carisma y la simpatía no se pueden copiar, por más que se quiera. Tarde o temprano caen las máscaras.

Cuando un líder aprende a encontrar su propia esencia, se conoce mejor y actúa sin poses, cómodamente. Esto le dará seguridad e, inevitablemente, hará brotar su carisma.

Una vez que el líder encuentre su personalidad, podrá identificar más fácilmente los perfiles de sus colaboradores, aprovechar sus virtudes y ayudarlos a mejorar en sus áreas de oportunidad.